“Debemos centrar nuestros esfuerzos en preparar a las próximas generaciones para que comprendan el funcionamiento de un sector tan complejo como el nuestro, así como los vaivenes de los ciclos económicos y el impacto que estos pueden tener en la industria y en la sociedad”.

En estos días en los que recibimos titulares acerca del despegue del sector inmobiliario, se me viene a la cabeza aquella fábula de La cigarra y la hormiga, atribuida al griego clásico Esopo y recreada por Jean de La Fontaine en el siglo XVII y Félix María Samaniego en el XVIII.

En la historia recordarán como una cigarra holgazanea durante la época estival, mientras la trabajadora hormiga se dedica a recolectar alimentos para el invierno. Cuando el frío llega, la cigarra se encuentra desprovista de comida y acude a pedir ayuda a la hormiga, la cual se la deniega por perezosa.

Sin ánimo de llamar holgazán a nadie, esta fábula viene a ejemplificar que el trabajo bien hecho debe hacerse de forma constante para que cuando lleguen los momentos complicados, estos nos pillen prevenidos.

Con la formación viene a pasar algo similar. Si no la asumimos como parte de nuestro día a día e intentamos seguir formándonos para ser mejores profesionales, el día de mañana podemos no estar preparados para los “fríos inviernos”.

En el sector inmobiliario, al igual que pasó en otras industrias, se disfrutó durante muchos años de un ciclo alcista que originó cifras históricas de compraventas, (alcanzando su máximo en 2006 con 955.186 transacciones), visados (llegando a los 865.561 en 2006) y precios (estableciéndose en el primer trimestre de 2008 a 2.101,40 euros/metros2).

Estos datos estaban amparados por la buena marcha de la economía, tanto nacional como internacional. Sin embargo, en el 2007 esta ola alcista se convirtió en un tsunami que vino a arrollar a los sectores productivos, al empleo y finalmente al Estado de bienestar.

No quiero que se interprete con estas palabras que la formación hubiese evitado la crisis del 2007, como tampoco ninguna de las anteriores. De todos es sabido que la economía responde a ciclos, sin embargo, creo que la formación nos permite estar más preparados para las fases de recesión. En este sentido, al igual que la hormiga trabajadora, debemos trabajar por un mejor y más profesional sector inmobiliario y para ello la formación será clave. En la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid (ASPRIMA), en 2016 formamos a más de 700 profesionales a través de nuestra fundación.

Preparar a las próximas generaciones

Igualmente, debemos centrar nuestros esfuerzos en preparar a las próximas generaciones para que comprendan el funcionamiento de un sector tan complejo como el nuestro, así como los vaivenes de los ciclos económicos y el impacto que estos pueden tener en la industria y en la sociedad.

Desde ASPRIMA ya estamos trabajando con la Escuela Técnica Superior de Edificación de la Universidad Politécnica de Madrid en un grado propio de Intensificación en Planificación y Gestión Inmobiliaria, que pretende formar a aquellos recién titulados que deseen dedicarse al sector inmobiliario, pero que no han podido formarse en ello.

Este grado tiene como objetivo, mediante el modelo de formación dual alemán, formar a las próximas generaciones de profesionales inmobiliarios, proporcionándoles conocimientos en materias como socioeconomía, derecho mercantil, planeamiento, tramitación urbanística o marketing inmobiliario. Además, los estudiantes contarán con un profesorado compuesto a partes iguales por profesores reglados del centro y por profesionales del sector.

Como decía al principio, la formación debe asumirse como parte del día a día de un sector que busca ser más innovador y competitivo. Para ello fomentar la relación entre empresas y universidades; incrementar las horas formativas dentro de las compañías inmobiliarias y formarse en los nuevos modelos informáticos y de digitalización, es imprescindible. Por no hablar de la importancia de los idiomas en un momento donde las fuentes de financiación alternativa hablan en inglés.

Estoy seguro de que la hormiga también sintió la llegada del frío invierno, pero, sin duda, estar preparada para ello le proporcionó una ventaja frente a la cigarra. Aprendamos pues de estas fábulas y empecemos a abogar por un sector más preparado para los ciclos.