La vivienda se ha consolidado como uno de los principales desafíos económicos y sociales del momento. No solo en España, sino también en muchas de las grandes ciudades internacionales, donde la presión de la demanda, la falta de oferta y las dificultades de acceso están obligando al sector inmobiliario a replantear sus modelos de desarrollo, inversión y colaboración.

Así lo analiza Eloy Bohúa, CEO de Planner Exhibitions, en su tribuna de opinión El living ante un reto global: inversión, acceso y nuevos modelos, en la que pone el foco en una cuestión clave para el futuro del residencial: cómo transformar el interés inversor y la demanda existente en nueva vivienda efectiva.

Su reflexión llega, además, en un momento especialmente relevante para el sector, a pocos días de la celebración de SIMA 2026, promovida y organizada precisamente por Planner Exhibitions, que tendrá lugar del 20 al 23 de mayo en IFEMA MADRID. Esta edición reunirá oferta residencial, inversión, innovación y conocimiento en torno al mercado inmobiliario y el living.

La vivienda como infraestructura clave para las ciudades

El análisis de Bohúa parte de una idea central: la vivienda ha dejado de ser un problema circunscrito a determinados territorios para convertirse en un reto compartido por muchas ciudades. La falta de oferta, las dificultades de acceso y la presión de la demanda afectan directamente a la capacidad de los mercados urbanos para atraer talento, generar actividad económica y garantizar calidad de vida.

En este sentido, el CEO de Planner Exhibitions advierte de que “no estamos ante una dificultad coyuntural ni ante un problema limitado a determinados mercados”. La vivienda se sitúa así en el centro de un debate mucho más amplio, vinculado a la competitividad urbana, la movilidad social y el desarrollo económico.

El reto no es atraer capital, sino convertirlo en vivienda

El residencial y los distintos modelos vinculados al living han ganado peso dentro de la inversión inmobiliaria internacional. La demanda estructural, los cambios demográficos y las nuevas formas de vivir han reforzado el atractivo de estos activos.

Sin embargo, Bohúa plantea que el verdadero desafío no está únicamente en captar inversión, sino en lograr que esa inversión llegue a materializarse en proyectos concretos. Como señala en su tribuna, “la verdadera cuestión es cómo conseguimos que esa inversión se traduzca en proyectos viables, en nueva oferta residencial y, en definitiva, en vivienda real”.

Esta reflexión apunta a una de las principales tensiones del mercado actual: existe demanda, hay interés inversor y la necesidad de ampliar la oferta es evidente, pero el proceso para transformar esa oportunidad en producto residencial sigue siendo demasiado lento y complejo.

Barreras que limitan la capacidad de respuesta del mercado

Entre los principales obstáculos, Bohúa identifica: 

  • la escasez de suelo finalista, 
  • el incremento de los costes de construcción, 
  • la complejidad regulatoria 
  • y los largos plazos de desarrollo. 

Todos estos factores dificultan que el sector pueda responder con la agilidad que requiere la demanda actual.

Por eso, su análisis pone el acento en la necesidad de avanzar hacia una fase más operativa. “Durante años hemos identificado con claridad los principales problemas. Ahora necesitamos avanzar en soluciones que permitan desbloquear proyectos”, afirma.

“Necesitamos avanzar en soluciones que permitan desbloquear proyectos”

Para los profesionales del sector, esta lectura resulta especialmente relevante: el debate sobre vivienda no puede quedarse solo en el diagnóstico, sino que debe orientarse hacia mecanismos capaces de activar suelo, facilitar la tramitación, reducir incertidumbres y dar mayor seguridad a la inversión.

Una respuesta compartida entre sector público y privado

Bohúa también subraya que la vivienda no puede abordarse desde una única perspectiva. Ni la iniciativa pública ni la privada, por separado, tienen capacidad suficiente para resolver un reto de esta magnitud.

En sus palabras, “la vivienda no se resolverá únicamente desde lo público, ni únicamente desde lo privado. Requiere una visión compartida”. Esa visión debe apoyarse en planificación, seguridad jurídica, agilidad administrativa, capacidad inversora y una mayor coordinación entre administraciones, promotores, inversores, operadores, entidades financieras, empresas tecnológicas y usuarios.

“La vivienda no se resolverá únicamente desde lo público, ni únicamente desde lo privado. Requiere una visión compartida”

La colaboración público-privada aparece, por tanto, como una condición necesaria para generar vivienda, pero también para hacerlo con estabilidad, previsión y capacidad de adaptación a las necesidades reales del mercado.

Nuevas fórmulas para una demanda residencial más diversa

Otro de los puntos relevantes del análisis de Eloy es la transformación de la demanda. Los hogares son cada vez más diversos, la movilidad profesional gana peso, aumentan los modelos familiares no tradicionales y el envejecimiento de la población plantea nuevas necesidades habitacionales.

En este contexto, fórmulas como el flex living, el coliving, el senior living, las branded residences o el build to rent no deben interpretarse como alternativas excluyentes a la vivienda convencional, sino como modelos complementarios.

Su aportación está en ampliar el abanico de soluciones disponibles y permitir que el sector responda mejor a una demanda más fragmentada, flexible y cambiante. Para el profesional inmobiliario, esto implica entender el mercado residencial desde una lógica más amplia, donde el producto, el servicio, la temporalidad y la experiencia de uso adquieren cada vez más importancia.

La tecnología debe ayudar a reducir la distancia entre idea y ejecución

Según Bohúa, la inteligencia artificial, la analítica avanzada y la automatización ya están influyendo en la toma de decisiones, la comercialización, la gestión de activos y la relación con los usuarios. No obstante, el valor de estas herramientas dependerá de su capacidad para resolver problemas reales del proceso inmobiliario. Como apunta, “la tecnología solo tendrá verdadero impacto si contribuye a hacer más eficiente el proceso inmobiliario y a reducir la distancia entre la idea, la inversión y la ejecución”.

La clave no está, por tanto, en incorporar tecnología por sí misma, sino en aplicarla para mejorar la eficiencia, acortar plazos, interpretar mejor la demanda y facilitar la viabilidad de los proyectos.

SIMA 2026 como espacio para conectar soluciones

En este escenario, SIMA 2026 se plantea como un punto de encuentro especialmente relevante para el sector residencial. Más allá de su papel como escaparate de producto, el evento aspira a conectar oferta, demanda, inversión, innovación y conocimiento en un momento en el que la vivienda exige respuestas coordinadas.

La presencia de oferta residencial, operadores, inversores y delegaciones internacionales refuerza la idea de que los retos del living tienen una dimensión global. Para Bohúa, esta mirada internacional es clave no solo para atraer capital, sino también para comparar experiencias, aprender de otros mercados y adaptar soluciones a cada contexto.

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Construir más, construir mejor y ejecutar con mayor agilidad

El análisis de Eloy Bohúa concluye con una idea que resume el momento actual del residencial: la demanda existe, el capital está disponible y la innovación ofrece herramientas cada vez más sofisticadas. El reto está en alinear todos esos elementos para aumentar la capacidad real de ejecución.

Por eso, afirma que “el futuro del living no dependerá únicamente de construir más, sino de construir mejor, con mayor agilidad y con una visión más amplia de las necesidades sociales”.

Convertir inversión en vivienda real será, por tanto, una de las grandes pruebas del mercado inmobiliario en los próximos años, así como una oportunidad para que el sector avance hacia modelos más eficientes, diversos y conectados con las necesidades actuales de la sociedad.